En mi casa siempre hace frío, incluso en verano. Es un frío sutil, como el que desprenden los abrigos recién colgados en el perchero después de una tarde heladora. Mi padre dice que la culpa es de las paredes, que son demasiado endebles y dejan pasar el aire, las humedades […]
Después de peinarme las trenzas, me esparce el protector solar por la cara con la misma parsimonia con que unta la mantequilla en las tostadas.
Al poco de casarnos, mi marido empezó a llegar tarde a casa. Pierdo la noción del tiempo, explicaba algo turbado. Luego, cuando no venía a dormir, me daba por pensar cosas terribles, como que hubiese perdido la cabeza. Resultó que la culpa la tenía su secretaria, que le hacía perder […]
Todo empezó cuando la vecina del quinto colgó, junto con las toallas, unas fotos: en la playa, en el parque con los niños, tomando aceitunas en el bar.
Mi abuelo se levantó un martes con la convicción de que necesitaba una actualización. Pero no de vitaminas ni de prótesis de cadera de última generación, no: una actualización del sistema operativo. Fue directo a la tienda de informática del barrio y pidió, con el tono de las decisiones importantes, […]
Ahora que la gente se desdobla, vivimos mucho más apretados en el edificio, pero nos apañamos bien. La mayoría de los dobles son tranquilos, eficientes y respetuosos. En mi rellano, por ejemplo, vive una enfermera y, desde que su doble se encarga de los turnos de noche en el hospital, […]
Ya desde prescolar, Fernando siempre fue el más «saborío» de la clase, pero el único que llevaba unos preciosos —y carísimos— «botines escamondaos», lo que era motivo de burlas y escarnio de todos los compañeros de la clase, que aumentaban con la edad y el paso de curso.